Aniversario de casad@s

El 15 de julio de 2010 se aprobó la ley 26.618, de matrimonio igualitario. Hubo, desde entonces, 2695 bodas, niños anotados con el apellido de dos madres o dos padres, pensiones por viudez y divorcios. También nuevos negocios, de los wedding planners al repunte del turismo gay. ¿Somos ahora una sociedad más respetuosa de lo diferente o apenas una que no discrimina en voz alta? Los costos sociales que todavía se pagan, los gays en la política y la vigencia del techo de cristal en el ámbito laboral. Los logros y las deudas pendientes

Hubo un año que comenzó hace un año. Hubo, antes, un proyecto de ley para que dos personas del mismo sexo pudieran casarse. Hubo dos plazas: una multicolor y otra naranja. Pero hubo, antes y después de eso, debates en el Congreso y en cada casa, conocidos “saliendo del armario”, discusiones, abrazos. Y hubo, el 15 de julio de 2010, una ley aprobada en plena madrugada. Al otro día, Argentina amanecía siendo uno de los diez países del mundo -junto con Holanda, Bélgica, España, Canadá, Suecia, Sudáfrica, Noruega, Portugal e Islandia- y el primero de Latinoamérica que reconocía el derecho a casarse para todos sus ciudadanos. Pasó un año desde entonces. Y, en el medio, pasó de todo. Como destaca el periodista Bruno Bimbi, autor de Matrimonio igualitario (Planeta), “la gente cambió la percepción que tenía sobre nosotros. Luego del debate, muchos ‘salieron del armario’ y otros se enteraron de que tenían una hermana lesbiana o un amigo gay. Nos dimos a conocer y las cosas cambiaron hasta para los políticos . Para ellos, antes éramos ‘piantavotos’ y ahora nos buscan para la listas. Pero lo más importante es que hoy hay miles de personas que son más felices”. Hubo también, en estos doce meses, muchas primeras veces. Hubo un primer casamiento en una cárcel, en una provincia, entre mujeres, entre dos diplomáticos. “Se casaron albañiles, pediatras, jubilados, recolectores de residuos, lo que quieras. Hoy, no hay provincia argentina en donde no se haya celebrado al menos un casamiento igualitario”, agrega Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Trans (FGLBT). Pero hubo, también, muchas otras “primeras veces”, del todo más sutiles. Invisibles consecuencias derivadas directamente de aquella ley que nadie pensaba que se pudiera a aprobar, y se aprobó. ¿Pequeñeces? Pequeñeces, claro, pero de esas que hacen de la vida un sitio más amable. Hubo, por caso, alguien que pudo acceder por primera vez a la obra social de su pareja. Quienes se tomaron licencia matrimonial. Y hubo, también, quienes pudieron asegurarles a sus hijos la protección que hasta entonces no tenían. Pero eso es quizá lo que destaca sobre una superficie socialmente quieta. Porque, como cantó alguna vez Carmen Miranda, “el mundo no se acabó”. La ley fue aprobada, las parejas se casaron y el universo no dejó de girar por eso. En cierto sentido, pasó mucho. Y no pasó nada.

La ley 26.618 -conocida desde entonces como Ley de Matrimonio Igualitario- fue sancionada el 15 de julio de 2010 y promulgada el 21. Nueve días después en Frías, Santiago de Estero, y tras 27 años de convivencia, la primera pareja se casó a las 7.45. Tres horas más tarde, en Palermo, Alejandro Vanelli y Ernesto Larrese se convertían en el primer matrimonio casado en capital. Al día siguiente, dos mujeres dieron el “sí” en Río Gallegos. Desde entonces, la norma ha sido invocada -según las cifras de la (FGLTB)- por 2695 parejas. Más de la mitad (60%) fueron varones y el 40%, mujeres. El promedio de edad de los contrayentes fue de más de 45 años, y con no menos de 10 años de convivencia. “Se casaron sobre todo las parejas de muchos años que estaban esperando este derecho”, explica César Cigliutti, el presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). El mito -siempre hay un mito- profetizaba hordas corriendo hacia los registros civiles con la única intención de “destruir la familia”. No hubo tal cosa. La tan mentada “avalancha de gays extranjeros” viniendo a casarse también fue otro bluff, por la sencilla razón de que la ley sólo ampara a argentinos o a extranjeros radicados.

Según explica el licenciado Alfredo Ferreyra, representante de la Asociación Internacional de Turismo Gay Lésbico para Argentina y Uruguay (IGLTA), “hay un crecimiento del turismo en general y del segmento GLBT en particular, pero la ley de matrimonio igualitario no ha modificado esa tendencia. Sí hay un aumento de empresas relacionadas con el servicio de alojamiento y servicios vinculados al casamiento igualitario”, apunta. Para el escenógrafo Pablo Rouco y su socia Laetitia Orsetti efectivamente estos son buenos tiempos. Apenas aprobada la ley crearon Fabulous Weddings, desde donde planifican bodas fabulosas sólo cuando hay dos novias o dos novios al frente de la celebración. “Ya hicimos cuatro bodas espectaculares, porque en los casamientos igualitarios no se invita a nadie de compromiso”, se entusiasma Pablo. “En general, es gente enamorada y que tiene dos familias que los apoyan. Y las fiestas son bárbaras siempre porque este segmento se maneja con dos ingresos, por lo general altos”. No por casualidad una boda de este tipo arranca en los 20.000 dólares y el límite es. el cielo. Lucas Lanosa, desde la agencia de viajes BA Queer, confirma el boom. “Desde que salió la ley de unión civil, Buenos Aires estalló en la prensa internacional. Y si pensamos que un turista gay gasta por viaje al menos el doble que un viajero hétero, digamos que es un público muy apetecido”, explica.

Sí, quiero (o no)

En el casamiento de Andrés, psicólogo argentino, y Gilberto, administrador de empresas colombiano, no hubo nada de eso, pero sí mucho de todo lo demás. Mucha sonrisa, muchos amigos, mucha tía moqueando tras un pañuelito. “Nosotros nos vinimos de Estados Unidos el año pasado, y nos casamos en noviembre. Todos -la jueza, los del registro civil, la policía- nos trataron superbien. Y la ceremonia fue tan emocionante que terminamos todos cantando el himno”, cuenta Andrés. Como él, la mayoría de los consultados para esta nota hablan de una progresiva “popularización” de estos casamientos, en el sentido más literal de la expresión. Porque si antes se casaban sobre todo famosos y activistas, de a poco las bodas se vuelven una celebración familiar. “A mí me han invitado a muchísimas, y vos ves que están las familias de los dos contrayentes, los sobrinitos jugando debajo de la mesa”, comenta Paulón. “Y eso es algo reparador que generó esta ley. Porque hasta ahora, en muchos lugares, decir que sos gay significaba convertirte en el puto del pueblo o tener que irte. Por eso, que una pareja se haya casado en un lugar como Suardi, un pueblito de 4000 habitantes, es una buena señal. Quiere decir que ahora podés quedarte, tener una pareja, armar una familia”, consigna. Cigliutti dice algo similar: “Antes de la sanción de la ley, todo eso que para las parejas heterosexuales era algo dado, para nosotros era una quimera. Desde tomarse juntos los mismos días de vacaciones hasta pedir un crédito o compartir la obra social, todo eso no existía. Otra cosa que cambió la ley fue la posibilidad de proyectar una familia. Antes, si una pareja como la mía quería adoptar, capaz que no lo hacía porque, si el adoptante fallecía, el nene no se quedaba con su familia sino que volvía al sistema de adopciones. ¿Y quién iba a querer hacer pasar a un chiquito por esa situación?”.

Así y todo, tampoco es que todas las parejas de homosexuales hayan saturado los registros civiles en julio. Según Osvaldo Bazán, autor de la Historia de la homosexualidad en la Argentina (Ed. Marea), de la que se publicó una reedición ampliada después de la ley, eso fue porque “ahora que podemos elegir, sólo se casaron las parejas que querían. En ese sentido, la ley cambió nuestra cabeza, porque ahora podemos pensar en cosas que antes nunca habíamos pensado. Y eso es lo revolucionario”

Hace apenas unas semanas, el pasado 28 de junio -un día de esos en los que el frío es un cristal que se estrella en la cara-, el centro de Buenos Aires se llenó de gritos y banderas multicolores. Y reunida bajo la consigna “Sí, soy”, la comunidad gay se dio cita para marchar por la ciudad de Gardel. Hay quienes dicen que si para algo sirvió esta ley, fue precisamente para enjuagar cierto pasado violento y reposicionar a Buenos Aires como una ciudad libre de homofobia. Hospitalaria, incluso, a la luz de todo un universo de lugares, servicios y productos embanderados detrás del arco iris, símbolo y bandera de la diversidad sexual. Desde hoteles como el Axel o el Bayres Bed &Breakfast (y más de dos docenas que se declaran “gay welcoming”), pasando por “espacios”, boliches y restaurantes, todo aquí parece estar esperando a los viajeros GLTB. Y si bien algo de esto parecería desvanecerse a medida que nos alejamos del kilómetro cero (“porque acá sos gay, pero en el interior sos puto”, ilustra un activista), la sanción de la ley tuvo, también allí, un efecto profundo. Según Bimbi, “en el interior, donde muchas personas estaban en el armario y con su miedo, se produjo tal caza de brujas que eso nos unió y nos movilizó. Hoy hay más de cincuenta organizaciones en el interior, y antes no había ni una”, explica.

De hecho, basta con recorrer la página electrónica de la Federación para advertir que varias de las organizaciones que la integran datan justamente de hace un año. ¿Y qué sucedió hace un año? Para muchos, un hecho histórico: la diversidad sexual dejó en cierta medida de ser lo nefando (eso que no se puede siquiera poner en palabras, lo innombrable) para volverse sonido y argumento. “El 4 de mayo de 2010, por primera vez, en 127 períodos parlamentarios, se escuchó en el recinto la palabra “homosexual”. Y, de repente, se habló de diversidad sin eufemismos”, ilustra Paulón.

Diversos , iguales. Y no tanto

Sin embargo, es evidente que la ley no vino tanto a fundar un nuevo estado de cosas como a reconocer -y a legitimar- situaciones preexistentes. Las denominadas familias diversas, en cualquiera de sus versiones, ya estaban allí cuando la ley llegó para decirles que también tenían derechos. Marisa ya estaba enamorada de María del Pilar cuando salió la ley, y se casaron. Alfredo Pascale todavía lloraba a su compañero por casi cinco décadas, y pleiteaba desde hacía una por una pensión por viudez de la que recién ahora goza, y retroactivamente. Y Daniel ya compartía la cama desde hacía más de diez años con ése al que (con o sin libreta) llama desde siempre “mi marido”. En muchos casos había también ya hijos: Mercedes y Silvina, por ejemplo, conviven desde hace casi veinte años y son mamás de una nena de nueve quien recién a partir de la ley podrá estar tan protegida como sus primos, nacidos en un matrimonio hétero. Eso, claro, cuando termine el trámite de reconocimiento iniciado por Mercedes luego del casamiento. “Nosotras nos casamos el 7 de agosto del año pasado y ese mismo día hicimos un pedido de reconocimiento de la nena. Pero eso, que a cualquier varón se lo hubieran dado de inmediato, en nuestro caso disparó un trámite administrativo para que mi hija lleve también mi apellido. Así, la familia de mi lado (abuelos, tíos) tendrá obligaciones y derechos sobre ella. Vamos a ser tan familia como ahora, pero con los mismos derechos que todas las demás”, dice Mercedes.

Fue precisamente en casos como esos en los que la norma permitió que aquello de la “igualdad ante la ley” se volviera una cosa concreta. Algo parecido sucedió con Alfredo Pascale, a quien un comunicado de la CHA presenta como el primer hombre al que se le entrega una pensión por viudez en relación con otra persona del mismo sexo. Si bien su caso es anterior a la sanción de la ley, resulta revelador en tanto muestra el cambio de actitud en la justicia con respecto a los derechos de los homosexuales. Veamos: cuando, en 1996, la pareja con la que Afredo había convivido por 47 falleció, él inició el trámite necesario para recibir una pensión. Pero, ¿cómo hablar de “viudez” cuando no había habido casamiento? Sin embargo, tras diez años de reclamos y una resolución de la Anses de agosto de 2008, Alfredo Pascale fue el primero a quien se le reconoció ese beneficio. Hace algunos días, y por un fallo de la Corte Suprema, ese beneficio se hizo retroactivo. “Estoy orgulloso de la decisión de la Corte Suprema, que servirá de precedente para todos”, declaró entonces Pascale. En el caso de Andrés y Gilberto, en cambio, la nueva ley significó el regreso al país para casarse, y una libreta roja donde sienten que arranca “no nuestra pareja sino nuestra familia”, dicen. A Adriana y Florencia, una pareja de rosarinas que se casó en febrero de este año, la ley les permitió una partida de nacimiento (la de sus mellizas, nacidas el 5 de junio) en donde figura el nombre de las dos madres. Claro que antes hubo que explicarle a la funcionaria del registro civil -quien quería anotar a las nenas sólo con el apellido de la madre biológica- que había una ley, y decía otra cosa. “Somos la primera pareja casada legalmente en tener hijos en la ciudad. Cuando llegué al registro civil, la jueza se negó a anotarlas, negando a nuestra familia, negando que yo también soy madre junto a Flor”, se quejó entonces Adriana. Y si todo terminó bien fue porque la CHA tomó cartas en el asunto y llamó al gobernador de la provincia Hermes Binner para comunicarle el episodio, luego de lo cual las dos niñas pudieron ser inscriptas como lo establece la ley.

En este sentido, Paulón es rotundo: “A veces, lo que la ley garantiza lo quita la ignorancia o la resistencia burocrática. Mientras no se termine con la homofobia profunda, el matrimonio no será más que una declaración jurada de homosexualidad”, alerta. Y cita los casos de quienes, tras el casamiento, pierden “misteriosamente” sus empleos. Con todo, hay una palabra desde el poder que nombra lo que antes no podía siquiera mencionarse. Y, a cuentagotas, comienza a modificar algunas cosas. Pequeñas cosas. Hace cuatro semanas, en el CGP de Culpina y Avenida Rivadavia, en Flores, dos chicas al sol en medio de aplausos y un gran revoleo de arroces se dieron un abrazo. Y fue un abrazo tan abrazo, que era verlo y saber todo lo que cabía ahí dentro. Cuántos años, cuántos silencios, cuántos terrores y cuántas soledades juntas. Después, la escena se recompuso y las dos, con un ramo de flores cada una, posaron para la foto. Pasó entonces por la vereda una viejita con la bolsa de las compras en la mano. “¡Que vivan las novias!”, gritó. Y también ahí, en ese deseo, estuvo todo lo demás.

fuente: lanacion.com

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4 comentarios en “Aniversario de casad@s

  1. En los siguientes capítulos echaremos una mirada a la homosexualidad y a sus factores subyacentes. Discutiremos el origen de la homosexualidad, si es posible ser librado de ella, y también lo que dice la Biblia al respecto. Muchas personas podrán tener diferentes opiniones sobre los temas tratados, pero aún así valdrá la pena leer todo el texto.

    http://www.jariiivanainen.net/homosexualidad.html

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  2. Gracias Guillermo Lovagnini y a todos los de Vox por tener el valor de luchar por un país más justo.

    Felíz día de la Igualdad para todos.

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